Hace algunos meses vi ‘Eden Lake’, la opera prima de James Watkins, una muy buena película de terror que lograba perturbar desde la violencia, tanto física como psicológica, de unos jóvenes adolescentes hacia una pareja a punto de casarse. Los inquietantes elementos que utilizaba no eran otros más que las perversidades del ser humano. En su segundo film, ‘La dama de negro’, Watkins también logra que el espectador sienta escalofríos y terror, pero los elementos son completamente distintos; si se quiere, del terror gótico: fantasmas y escenarios siniestros. Entonces no resulta una casualidad que esté producida por Hammer, célebre por producir este tipo de films. ‘La dama de negro’ es su segunda producción desde su regreso, en 2010.
Da la sensación que, hoy en día, las películas de terror –sobre todo las que vienen de Hollywood- se han convertido en una especie de carrera a ver cuál se atreve a ir más lejos. Es decir, cuánto más explícito sea todo, cuanto más sangre y morbosidad vea el espectador, mejor. El ejemplo más claro es la saga de ‘Saw’. La dama de negro’ es una película de climas, ayudada por su cuidada y muy correcta puesta en escena.
De manera reducida, la historia se desarrolla a principios del siglo XX y se centra en un joven abogado (Daniel “Harry Potter” Radcliffe), cuya esposa murió dando a luz a un pequeño que ahora tiene 4 años, que debe vender una antigua y tenebrosa casa –casi una mansión- alejada de todo. Aunque sabe muy poco de ella, y todos se rehúsan a prestarle información, allí observará a la mujer de negro que da título al filme y presenciará distintos tipos de sucesos terroríficos. Nadie le creerá cuando relate sobre la mujer y tendrá que adentrarse cada vez más en la historia.
Admito que en los primeros minutos me costó alejarlo de su personaje de mago. Pero luego, lo digo como elogio al actor, a medida que avanza la trama, esa imagen va desapareciendo y uno no espera a que saque la varita para ralizar algún truco.
Decía que la película propone muy buenos climas. Por momentos genera un miedo incorpóreo y un suspenso incómodo, que provoca que uno deba ajustarse bien a la butaca. Pero termina perdiendo fuerza sobre el final, donde la historia se torna innecesariamente cada vez más compleja, empeñada demasiado en provocar sustos –también abusa de los golpes de efecto- y termina empobreciendo el acertado rumbo que venía tomando la película. Le falta una vuelta de tuerca sobre el final.
De todas formas la recomiendo ampliamente.
Buena


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