lunes, 6 de marzo de 2017

¿Crimen? y castigo



Sobre las tremendas e irreversibles consecuencias que pueden arrastrar las decisiones cotidianas, ejecutadas desde lo más hondo de una presumida intrascendencia, y la estela de remordimiento que se impregna, como un castigo irrevocable, sobre las personas que, ignorando su peso, las llevan a cabo, habla la nueva película de los hermanos Dardenne, quienes nunca caen en las trampas de la moralina ni se tientan con sentencias sobre sus personajes, cosa poco sorprendente: por sobre toda las cosas, y más allá de que formalmente parecieran haber alcanzado el cenit en el acabado de su –tan imitado- estilo, lo cual les permite cimentar un piso elevado desde el cual parten sus películas, siempre fueron muy inteligentes.
La Fille Inconnue comienza, con la cámara en movimiento, claro, siguiendo a una joven médica en la sala que tiene al mando hace poco, luego de su eficiente trabajo como residente, donde revisa a los enfermos que la visitan. Un día, a punto de terminar una agotadora jornada laboral, alguien toca el timbre del consultorio; ocuparse de otro paciente significaría extender un buen rato la permanencia allí, ante lo cual decide, pese al carácter más responsable de su compañero, dispuesto a sacrificar su tiempo en pos de atender la urgencia profesional, ignorar el llamado. Al día siguiente encuentran, a pocos metros, muerta -¿asesinada?- a esa persona.
A partir de ahí la cuestión policial interesa menos que los tormentos psicológicos de la protagonista, quien no puedo dejar de sentirse responsable por lo sucedido: permitir el ingreso de la finada sin nombre hubiese cambiado su trágico rumbo.
No deja de resultar un tanto curioso el desdén con el que son recibidas y tratadas por buena parte de la crítica las últimas películas de los belgas; sí, puede que, al haber hecho escuela, sus discípulos –los buenos y, sobre todo, los malos- hayan contribuido a agotar un poco las formas, lo mismo que tampoco se traten obras maestras –mas tamaño despropósito sería siempre exigirlo-, sí de muy buenas obras… Quién sabe, quizás sea que lo habitual insensibiliza.

viernes, 16 de diciembre de 2016

La llegada


El inicio de Arrival pareciera más bien propio del último Malick: voz en off y sucesión de bellos planos, mas sin tanta abstracción audiovisual, cuentan que Amy Adams, una reconocida lingüista, perdió a su hija adolescente por una grave enfermedad, pero formalmente la película va por otro lado, un tanto más convencional, más allá de que el recurso siempre vuelva y hasta resulte clave para el forzado desenlace, porque si bien es cierto que la película admite ser leída como una historia de duelo y superación de una madre, es ése uno de los tantos puntos bajos, el intento de articular el nudo de la historia y la circunstancia doliente de la protagonista.
Vayamos a la trama en sí: aterrizan doce naves extraterrestres en distintas partes del mundo. Sobreviene, claro, el pánico y la incertidumbre, incluso cuando los visitantes mantienen una actitud pasiva y se prestan -en eso se centrará la película, con la lingüista, a la que le bastan un puñado de días para entender gramática marciana, en rol principal- para la comunicación entre razas, empresa harto complicada, no tanto por los alienígenas sino más bien por las cabezas gubernamentales distribuidas por los distintos puntos del globo. La película, después de todo, es una declamación laudatoria al diálogo y la fuerza del lenguaje por sobre cualquier otra forma de (in)comunicación.
Esto de las invasiones extraterrestres no resulta novedad pero Arrival prefiere correrse de los caminos comúnmente transitados, más allá de su primera parte, hasta la consumación del encuentro, resultando, hasta ahí, una muy buena película de género. Luego entra, por algunos minutos, en una meseta de la que sale incorporando ambigüedad en las criaturas –dotándolas de un poco de relieve, en realidad-  para, más allá de ser siempre visualmente cautivante, después, sobre el final, empantanarse narrativamente (la resolución se da, por pereza o incapacidad, en una conversación entre Adams y un marciano, con una serie de ¡traducciones subtituladas sobre la pantalla!). Una pena; este año el único gran estreno con bichos intergalácticos es 10 Cloverfield Lane.