lunes, 7 de mayo de 2012

Un hombre vacuo

Crítica de 'Shame'

Presentada en el Festival de Venecia, y luego del revuelo que se generó a partir de la postura tomada por Cinemark de no exhibir la película argumentando su gran cantidad de contenido erótico -una medida altamente absurda-, vi ‘Shame’, de Steve McQueen (‘Hunger’).

Brandon (Michael Fassbender), un ejecutivo que vive en Nueva York, es adicto al sexo. Seduce mujeres para satisfacerse, mira pornografía, contrata prostitutas, se masturba… Pero eso lo transforma en un ser vacío; sus relaciones son pasajeras, y se encierra en su propio mundo.

Hasta que la aparición de su afligida hermana (Carey Mulligan) complica las cosas, cuando lo “obliga” –casi no le quedaba otra alternativa al pobre Brandon- a permanecer en su casa. Su presencia marca un quiebre. La tensión sexual aun más latente, ¿el posible incesto? pertinentemente en cada encuentro. La escena donde ella irrumpe en su habitación es notable.

El que mayor cantidad de elogios debe recibir es Michael Fassbender -un gran actor-, quien fue premiado en el Festival de Venecia. Su representación lo exige constantemente, tanto física como emocionalmente, y él es capaz de llevar de manera magistral todo el peso de la película.

McQueen muestra un gran talento en la utilización de los planos en función de la historia –en los primeros 10 minutos, excelentes, no hay diálogos- y destreza en el manejo de los tiempos. Más allá de algunos pequeños reparos que se le podría hacer –la construcción del personaje de la hermana no es del todo buena, por ejemplo-, ‘Shame’ merece ser vista.

Muy buena

lunes, 30 de abril de 2012

Lo que queda de 'Rec'

Crítica de 'Rec 3: Génesis'
Empecemos abriendo el panorama, haciendo una especie de repaso sobre las anteriores dos películas de esta saga –quién hubiese creído que se devendría  en eso-, antes de dirigirnos puntualmente hacia la que verdaderamente nos incumbe, que es la tercera. La primera, ‘Rec’, es considerada, con justa razón, de las mejores películas de terror de la última década. Haciendo un muy buen uso la cámara en mano como falso documental, lograba insertarnos, que nos sintiésemos parte de la pesadilla que le tocaba vivir a una periodista encerrada en un edificio con zombies. Una gran película. La segunda, más vertiginosa y “menos creíble” desde el aspecto de falso documental, ya que se trataba de varias cámaras, no resultaba del todo convincente y tampoco lograba que palpáramos el temor como en la primera. Y la tercera… descarrila completamente.

Todo comienza con un casamiento que no escapa lo usual: primero la iglesia, después la fiesta, etc. Una vez en el salón, cierto invitado comienza a experimentar reacciones extrañas, en un principio se cree que por efecto del alcohol, vómito mediante, pero se descarta la embriaguez cuando, manchado con sangre, comienza a tarascar el cuello de uno de los presentes.

Después, caos. La cerrazón inunda a los invitados, no así a los espectadores, que van precavidos ante estos sucesos y lo tomamos de manera natural. Lo que deberíamos experimentar es miedo, una incipiente angustia. Sin embargo, permanecemos inmutables. Lo ulterior constará en cómo podrán escapar los sobrevivientes a las mordeduras, más peripecias y subtramas -como el novio buscando a su prometida- que no resultan muy interesantes.


La introducción, sí, es registrada por uno de los invitados con su cámara. Pero después, cuando empiecen a desarrollarse los hechos mencionados arriba, se corta la grabación y, enigmáticamente, se sucede de forma convencional. Como si, a los pocos minutos de empezar la película los realizadores se diesen cuenta de que de esa forma no iba a funcionar, y deciden alejarse muy torpemente del formato. Entonces, ¿por qué empezar como las anteriores, con la cámara casera registrando todo, si a los pocos minutos la idea se desecha?

El génesis que alude el título jamás encuentra un eslabón para conectar la historia con la primera. Es decir, queda inconexa con las anteriores. Por eso, sería absurdo considerarla precuela. Es, apenas, una película genérica de zombies, sin ningún tipo de relación con las precedentes.

Las dosis de comedia que asoman en esta tampoco ayudan demasiado. Me cuesta encontrar algún gag que valga la pena. Quizá la aparición, breve, de un secundario disfrazado que se hace llamar “John Esponja”.

El grado de desvirtuación de la saga es enorme, al punto tal de quedarle sólo el nombre. Esa imperiosa necesidad de seguir facturando con una saga que parece estar completamente agotada –la secuela también era innecesaria, aunque en menor medida- es la que repudio. Para colmo, ya se está rodando la cuarta entrega. Ahora mismo voy a volver a ver ‘Rec’, la primera, para recordar lo buena que era y quitarme, aunque sea momentáneamente, la mala imagen que dejó esta.

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sábado, 24 de marzo de 2012

La fiesta inolvidable

Crítica de 'Proyecto X'
El recurso de la cámara en mano para crear un falso documental es un método utilizado principalmente en films de terror. Los primeros en usarla fueron Daniel Myrick y Eduardo Sánchez en ‘The Blair Witch Project’, que resultó un éxito inesperado dado el bajísimo costo con el cual fue realizada, y la sensación palpable del miedo, ser partícipe exclusivo de los desafortunados hechos de los protagonistas. Con el tiempo se volvió menos novedoso y, con mejores y peores resultados, hoy resulta un recurso casi banal.

Antes de ver ‘Proyecto X’, me interesaba ver cómo funcionaba ese recurso en una comedia. Y el resultado es gris.


La película sigue a tres amigos –cuatro con el que filma, pero es un personaje con ínfima participación-, que no se alejan del clisé de “perdedores” visto infinitas veces, con muchas similitudes al trío de ‘Supercool’ -pero con menos gracia-. El cumpleaños de uno de ellos es la excusa y oportunidad para organizar la fiesta que siempre soñaros: mujeres, alcohol, sexo…

Claro que las cosas irán complicándose cada vez más y, una vez que pierdan por completo el control de la situación, alcanzará límites inimaginables.

‘Proyecto X’ resulta una especie de “sueño” para cualquier adolescente: una fiesta épica, cargada de excesos, significa una gran fantasía. Indudablemente la película apunta a ese público, y éste no saldrá decepcionado. Pero, analizándola con más profundidad, notamos una película apenas discreta. No funciona como falso documental, ya que posee un trabajo de edición que no corresponde a una simple cámara utilizada por un amateur de 17 años, más una buena cantidad de planos que menos aún pertenecen a quien registra la increíble velada. Tampoco genera ninguna carcajada, más bien observamos con relativa exaltación las innumerables situaciones –la mayoría inverosímiles- que les toca vivir sus protagonistas o a algunos de los cientos de invitados.

‘Proyecto X’ es esa impresionante fiesta de la cual, lamentablemente, no somos partícipes. Nada más.

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